martes, 8 de enero de 2008

Terapia postural

Muchos humanos se quejan de que no entienden a sus gatos y se sorprenden porque nos traen a casa lo que ellos consideran las camas más cómodas y las mantas más mullidas y ¿dónde preferimos dormir nosotros? Pues en alguna caja de cartón o en una bolsa de plástico, demostrando lo polivalentes que la mayoría de las veces son las cosas sencillas que nos rodean. A Noa y a mí nos encanta encontrar la postura de descanso que se adapta a cualquier objeto de uso doméstico: ¡os aseguro que es una buena terapia para la espalda! Yo creo que lo hemos probado casi todo bajo la atenta y desconcertada mirada de nuestros humanos: cajas de zapatos, cestas de la ropa, bandejas de servir, escurreplatos, carritos de las toallas, lavabos, bidés, cajones, estanterías, torres de ordenador,... ¡incluso el tendedero! Allí donde dicen que no se puede, nosotros lo intentamos. Y, normalmente, lo conseguimos. Para complicar un poco las cosas, a esta costumbre propia de los felinos domésticos debemos añadirle el siguiente principio gatuno: "Donde parece que no cabe un gato, al final caben varios". Y es que cuanto más prietos estemos, mejor que mejor. Los gatos que viven solos, tienen que conformarse con oprimir sus propios cuerpos en recintos minúsculos que seleccionan en virtud de sus reducidas dimensiones... La cosa mejora cuando en casa conviven dos o más michos, porque así sí que se pueden alcanzar opciones varias de apiñamiento dignas de los mejores contorsionistas del mundo!

No es una cuestión de cutrez (¡eso nunca!), sino de superación personal, de libre albedrío y de flexibilidad de columna. Porque (y pensadlo bien...) ¿qué estaríamos fomentando si durmiésemos sólo y exclusivamente en la cama que nos traéis, bien anchos y estirados? La respuesta es una vida sin retos, sin libertad de elección, sin imaginación, en definitiva, una existencia demasiado aburrida para un gato...

lunes, 7 de enero de 2008

Se acabaron las fiestas...

Después de unas cuantas semanas de locura, intercaladas por fiestas y celebraciones, llega de nuevo la tranquilidad. ¡Bien! Que a mí me gusta tener un horario fijo para organizar mi vida. Pero antes de despedirnos definitivamente de la Navidad, es de rigor dar las gracias a los Reyes Magos por los collares rojos que nos dejaron ayer debajo del árbol (Noa y yo vamos a ir igualitos, pero a mí seguro que me favorece más...) También me trajeron un ratón nuevo, que el que me dejó el tal Papa Noel no me duró nada. A ver si este es más resistente. Por cierto, digo yo que siendo tres sus majestades, ya me podían haber dejado dos ratoncillos más, por lo menos uno por corona, ¿no?... El año que viene, cuando escriba la carta, ya me encargaré de reclamarles los que no me han traido este año...

En fin, sólo me queda desearos, queridos lectores, un
FELIZ RETORNO A LA RUTINA.

sábado, 5 de enero de 2008

Noche de Reyes

¡FELIZ NOCHE DE REYES!

En esta noche mágica, permitidme formular un deseo...

Que los sueños encuentren su lugar en un mundo, a veces, demasiado real.

Por las segundas oportunidades...

Porque algún día no sean necesarias...

viernes, 4 de enero de 2008

Incondicionales

Estos días mi humana ha estado enferma, tan enferma que incluso ha tenido que dormir durante el día además de durante la noche. ¡Parecía un auténtico gato! Y ahí que hemos estado Noa y yo, vigilando su reposo, bien calentitos junto a ella... Ahora ya está mejor y puedo dedicarme a otras cosas pero lo cierto es que cuando alguno de nuestros humanos está débil, enfermo o tristón solemos estar a su lado. Esta capacidad de los gatos para compartir con los humanos sus momentos de bajón físico o emocional es una de las que más sorprenden a aquellos humanos que no nos conocen y una de las más alabadas por los humanos que nos quieren: mil y una veces hemos escuchado que el gato no se apartó de la cama del enfermo en ningún momento o que en días en los que algún humano está triste, el gato se dedica a estar encima de él, entreteniéndole con sus carantoñas y sus monerías. Y es que nosotros somos así. Tenemos un sexto sentido que nos permite detectar esos cambios en vuestra salud o en vuestro ánimo que nos ayuda a estar ahí cuando nos necesitáis. Un caso muy llamativo que ejemplifica este desvelo gatuno por cuidaros es el protagonizado por Óscar, un gato que se hizo famoso hace unos meses por pasar con los enfermos de un hospital sus últimas horas de vida, vigilando su sueño y compartiendo con ellos su calor gatuno. En los medios de comunicación se dio mucha importancia al hecho de que el gato vaticinaba la muerte de los internos, cuando en realidad lo que pretende es hacerles un poco de compañía durante su último viaje. Casos como este, y otros muchos, me llevan a pensar que cuando a los gatos nos califican como "despegados" lo debe hacer gente que no nos conoce o no nos aprecia demasiado, fijándose así esterotipos propios de estirados gatos de papel que no se corresponden casi nunca con la realidad. La verdad es que los animales siempre estamos ahí para nuestros humanos, especialmente cuando nos necesitan, siendo el nuestro, sin ninguna duda, un cariño incondicional.

Si queréis saber más sobre el caso de Óscar, os recomendamos este artículo:

jueves, 3 de enero de 2008

Reparaciones...

Esta mañana, bien tempranito, han venido un par de señores a arreglar la puerta de casa. Cuando he escuchado el timbre he pensado: "¡Bien! ¡Novedades!" Pero a pesar de mi empeño, no he podido ayudarles como pretendía, porque mi humana me ha encerrado en el salón con Noa... ¡Vaya rollo! ¡Ni que fuese un gatito! Desde mi forzosa posición alejada de primera línea he escuchado los golpes y el ajetreo en la entrada. Esto es lo que pasa siempre que alguien de fuera viene a instalar o a reparar algo... Y yo me pregunto ¿por qué no me dejan colaborar? ¡Si soy un trabajador muy eficaz! Y si no me necesitan para echar una pata, siempre puedo vigilar lo que hacen, que a observador no me gana nadie (¡Si me hubieran dejado revisar las obras a mí, os aseguro que nos habríamos ahorrado más de una chapuza en casa!)

Recordando, recordando, creo que de todas, quizá la mejor anécdota protagonizada por un operario es la de aquel simpático señor que vino a montar el mueble de la galería: ¡resultó ser alérgico a los gatos! ¡A buena casa había venido! ¡En media hora estaba hecho polvo! Y eso que, como de costumbre, no nos dejaron acercarnos a él... Todavía me da la risa cuando me acuerdo... En fin, me marcho a inspeccionar cómo ha quedado todo, no vaya a ser que mis humanos pasen por alto algún sutil destrozo...

miércoles, 2 de enero de 2008

Hoy hace tres años...

Hoy hace tres años que conocí a mis humanos. Habían venido al albergue donde yo vivía para informarse sobre cómo adoptar a un gato. El recorrido por las instalaciones les estaba desanimando bastante, porque muchos compañeros gatunos no estaban por la labor de dejarse acariciar por el primero que acercara la mano... ¡Y esto les asustaba tanto! Así que me subí al regazo de mi humano en un momento en el que le pillé desprevenido para decirles que no tuvieran miedo, que otros gatos les gruñían y les bufaban porque no confiaban en las personas después de haber padecido el abandono, los golpes y el frío de la calle. ¡Y resulta que les hice gracia! El flechazo fue instantáneo y desde entonces ellos forman parte de mi vida y yo de la suya. Así es como llegué a ser un gato felizmente adoptado: mis humanos me dieron una segunda oportunidad y yo, a mi manera, soy consciente de ello.

Cuando el veterinario me vio, calculó que debía rondar los seis meses, aunque mi tamaño era pequeño a causa de la mala vida que había llevado en las calles y de cierta desnutrición. Tardaron algo de tiempo en ponerme en forma, pero al final volví a ser un gato bastante sano y realmente guapo. De mi mala experiencia me queda una ligera cojera en las patas de atrás, unas cuantas cicatrices y recurrentes pesadillas que me asaltan de vez en cuando mientras duermo. Pero, al despertar, miro a mi alrededor y me doy cuenta de que estoy en casa con mis humanos y que aquí estoy a salvo. Cuando el susto pasa, sólo queda un leve rumor amargo en lo más profundo de mi memoria que me habla de aquel tiempo en el que fui un gato sin hogar...

Antes de terminar, quiero dedicar un recuerdo muy especial para todos aquellos compañeros y amigos que quedaron (y aún quedan) en albergues, protectoras y casas de acogida a la espera de que algún buen humano les brinde una nueva vida...

martes, 1 de enero de 2008

Encuestas: resultados de diciembre y pregunta de enero

Bien, pues aquí estoy en día de fiesta para publicar los resultados de la encuesta de diciembre. Por cierto, muchas gracias a todos los que habéis opinado. A la pregunta "¿Te gustan los gatos?" diecinueve de un total de veinte participantes han contestado que sí, ejerciendo de contrapunto un votante que opina que no le gustamos... (Ya se sabe lo que dicen, siempre hay una excepción que confirma la norma. Ejem, ejem...) En porcentajes, los resultados quedan así:

  • A un 95% de los lectores le gustan los gatos.
  • A un 5%, no.

Tras nuestro primer estudio sociológico que, a pesar de ese voto de la discordia, ha resultado un éxito porcentual para los felinos, toca seguir indagando. Y en esta ocasión, la encuesta del mes será más cuantitativa que cualitativa. La pregunta es la siguiente:

"¿Con cuantos gatos compartes tu vida?"

Comprobemos así cual es la familia gatuna media con la que conviven nuestros lectores humanos.

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