Con la mitad de septiembre llegan novedades a nuestra Gatera. Una de ellas es la sección Cartas a Rumbo, en la que iremos publicando los textos, opiniones o denuncias que nos vayáis haciendo llegar a través de nuestro e-mail de contacto (gateraderumbo@gmail.com) Y puesto que estamos de estreno, es el momento de compartir con todos vosotros, queridos lectores, la primera carta que hemos recibido y que será la encargada de inaugurar este apartado:
Estimado Sr. Rumbo.Permítame que le cuente lo que hace tiempo he observado y que lejos de corregirse, para desgracia de nuestros amigos los canes, veo que se repite de cuando en cuando cada vez con más frecuencia.
Como usted bien conoce, Sr. Rumbo, es costumbre y necesidad de los perros salir a pasear a diario hasta tres veces por jornada para desarrollar sus lazos sociales, realizar algo de ejercicio, y ya puestos, pues hacer sus necesidades, ya que como bien recordará, nuestros amigos los canes no se satisfacen con una montaña de arena como usted, sino que precisan de un paseo, un parque o zona ajardinada, o al menos un árbol para dejar sus aguas.
Pues bien, he observado repetidas veces cómo quiénes tiran de las correas de nuestros amigos no se aperciben del gesto de éstos intentando aliviar el vientre y siguen tirando de la cuerda, mientras el pobre can se debate entre obedecer al amo o seguir su imperiosa necesidad, en una imagen que dice mucho en contra de la humanidad de quien está al otro lado de la correa.
No es preciso que le diga más, sino que se trata de otro efecto, o prueba si usted quiere, de los males de las prisas que dominan el mundo actual. Ya me gustaría ver cómo a ellos (y entienda que es un decir), alguien les intenta arrastrar tirando de su cuello mientras están sentados en su trono...
Sin otro particular le remito estas palabras por si tiene a bien dar a conocer estos hechos en su ventana al mundo, que es su afamado blog.Firmado: Alter Ego
Tenemos que dar las gracias al amigo Alter Ego por compartir con nosotros sus reflexiones sobre un tema como este, ya que es verdad que muchos perretes son literalmente arrastrados por sus humanos sin dejarles disfrutar de las delicias y necesidades lógicas que conlleva ser perro (Ejem, ejem...) Y después de leer con detenimiento sus palabras al hilo de asunto tan delicado parece necesario concluir que es cierto que las prisas propias del mundo moderno influyen muchas veces en la relación que algunas personas tienen con sus amiguetes peludos, porque los horarios y las agendas rigen su devenir, haciéndoles olvidar que lo importante no es llegar, sino disfrutar del camino, especialmente cuando es compartido con un fiel compañero de cuatro patas.

Muchos sabréis que mi zona preferida de la casa es la terraza. Al principio no podía salir sin vigilancia porque al no tener ventanas no era un lugar seguro (vivimos en una 4ª planta y podía caerme) Pero desde que mis humanos decidieron acristalarla, la historia cambió: me paso horas y horas en ella, durmiendo aquí y allá, tomando el sol en mi árbol rascador, cotilleando lo que ocurre en la calle, vigilando mi cosecha de hierbas gateras o jugueteando con algún que otro bichillo. Noíta se pasa aquí conmigo gran parte del día, disfrutando del rincón más gatuno de nuestro hogar.







Me llamo Rumbo y soy un gato urbanita que comparte sus experiencias cotidianas y sus reflexiones felinas con todo aquel que quiera leerlas. ¿Os animáis?







