
En la ciudad de Alicante, por la zona del barrio de San Blas, se encontraron mis humanos, allá por el mes de marzo, con este alegre ejemplar de felino callejero. Hace unos días, volvieron a pasar por el mismo lugar y comprobaron con alegría que ahí seguía el simpático minino al que hoy, por fin, convertimos en protagonista de nuestra sección Gatos urbanos.
No sabemos el motivo por el que el autor de esta pintada eligió el color verde para su obra: quizá sea porque se trata de un felino ecologista, quizá resulte que se ha comido algo en mal estado o puede que el pintor no tuviese otro color a mano... ¡Cada cual es libre de pensar lo que quiera! Pero lo que sí sabemos es que, agazapado en su muro, seguirá vigilando con ojillos bonachones el tráfico y a los transeúntes de la alicantina avenida Doctor Jiménez Díaz, ¡mientras su redondeado cuerpo aguante!
Nuestro colega canino 
Noa Nube Blanca un rato, que si yo no tengo un buen día, en esta casa nadie lo va a tener, vamos, ¡faltaría más!... Mmmmm... Esto... Me da a mí que un puntito gris y conflictivo sí que tengo... Pero, ¡ea! Esto es lo que hay, que hoy soy un nubarrón gris. Y quien quiera colores, ¡que se compre un arcoíris!
Aunque los gatitos nacen a lo largo de todo el año, es en la primavera cuando las camadas se multiplican. Muchos de estos bebés vienen al mundo en el seno de colonias callejeras, siendo el fruto de los escandalosos amoríos propios de los felinos. Las duras calles son, normalmente, el único horizonte de estos gatitos y, en estas condiciones, la mayoría no llegará a superar el primer año de edad, amenazados de forma constante por peligros tan variados como numerosos (coches, enfermedades, frío, lluvia, venenos, humanos desaprensivos,...) Aún así, algunos de estos pequeños lograrán alcanzar la edad adulta, protagonizando sus propias pasiones de tejado y repitiendo, una y otra vez, un comportamiento impuesto por su instinto que perpetúa el ciclo de la vida en nuestros pueblos y ciudades.
Para terminar, permitidme que os indique que la foto que acompaña a mis palabras es la de Potos, uno de tantos gatitos maravillosos que, junto a su hermana Aíta, espera en el albergue de 





Me llamo Rumbo y soy un gato urbanita que comparte sus experiencias cotidianas y sus reflexiones felinas con todo aquel que quiera leerlas. ¿Os animáis?







