viernes, 20 de febrero de 2009

A mi burro le duele la garganta...

¿Alguno de vosotros conoce esa canción en la que un burro está enfermo y el médico va remediando sus dolencias con jarabes, gorras y cataplasmas? Pues en una de las estrofas, dice algo así como:

"A mi burro, a mi burro
le duele la garganta
y el médico le ha puesto
una bufanda blanca"

El caso es que el otro día estuve en la clínica veterinaria porque se dieron cuenta de que yo, al igual que el pollino de la canción, tengo irritada la garganta. Pero, en mi caso, la veterinaria no me va a curar ni con echarpes ni con estilosos pañuelos anudados al cuello, sino que me ha recetado unas engorrosas pastillas rosas. Y pregunto yo: ¿tan diferentes somos un burro y un gato? Porque estoy seguro de que los humanos que conviven con felinos preferirían mil veces ponernos una bufanda que tener que darnos píldoras o jarabes. Y si no, que se lo pregunten a ellos.

Medicar a un gato no es tarea sencilla en la mayoría de las ocasiones. Y es que, a pesar de entender perfectamente que lo que se pretende es que nos traguemos la pastillita o el mejunje correspondiente, lo normal es que hagamos todo lo que esté en nuestras patas para que dicha tarea resulte misión imposible. ¡Es ley de gato! Si nuestros humanos no lo consiguen de forma directa, es decir, introduciendo el potingue de turno en la boca del gato para que se lo trague sin rechistar (¡Es que me parto! Je, je, je), llegarán los geniales y meditados planes alternativos. Algunos humanos se decidirán directamente por el engaño, tratando de camuflar los medicamentos entre los manjares más deliciosos: jamón, gambas, quesitos, malta... Otros optarán, en cambio, por medidas de fuerza, acorralando al gato, a veces incluso entre varios humanos (¡si es que son unos cobardes!), inmovilizándolo, abriéndole la boca, recogiendo la pastilla escupida, limpiando el jarabe baboseado, forcejeando, volviéndo a meter el medicamento en la boca y así hasta que el gato ceda o los humanos no puedan más. Entre las técnicas que combinan la fuerza y los utensilios, quizá sea la de la jeringuilla una de las más populares, aunque requiere de maña y de algo de habilidad, sobre todo cuando es un humano sólo el que se enfrenta al enfermo gatuno: básicamente, consiste en cargar el medicamento en la jeringa, enchufársela al gato en un lado de la boca, presionar el émbolo y ¡voilá! (La verdad es que nunca es tan sencillo, pero dejémoslo ahí...)

Algunos felinos (muy pocos) aceptarán de buen grado tomar sus medicinas. Otros muchos sucumbiremos en esta auténtica lucha en contra de la enfermedad, a pesar de nuestras uñas y nuestros dientes, aunque sin permitir jamás que nuestros humanos queden satisfechos al 100% (¿Se habrá tomado toda la pastilla? ¿Habrá escupido mucho jarabe?... ¡La duda es el precio justo a cambio de su triunfo!) Pero, a pesar de las dificultades y de alguna que otra dosis incompleta, es importante que una vez iniciado un tratamiento no lo dejemos a medias aunque pueda parecer que ya estamos bien: evitaremos de esta manera que se cree una resistencia al medicamento que podría pasarle factura a nuestra salud más adelante. Es duro, pero mientras los medios para curarnos se presenten bajo la forma de cápsulas, píldoras y brebajes varios, las batallas campales seguirán teniendo lugar en las casas con gato y la victoria, en este caso y por nuestro bien, debe estar del lado de nuestros humanos. Aunque eso no significa que se lo vayamos a poner fácil... Ejem, ejem...

5 comentarios:

  1. Es verdad, medicarnos no es tarea fácil, y sino que se lo digan a mami, que cada vez que me ha tenido que dar una pastilla se ha vuelto loca.
    Menos mal que al final termino cediendo y me trago un poquito...

    Ronroneos.
    Zeus

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  2. gracias por pasar gatico, mimos.

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  3. Jejeje que se lo cuenten a mis papis cuando el tete estuvo resfriado lo canutas que las pasaron diez dís medicandole.El primer día pegó tal escabechina con mami que le dejó de regalo u bonito zarpazo en la muñeca.El resto de días cambiaron el jarabe por pastilla machacada con agua y jeringuilla (cada vez que el tete veia a mami salía pitando jajajaja y yo me los miraba partido de risa).Como dice mami,si el precio que estuviera bien era salir zarpeada y que la odiara durante una hora,pues que lo da por bien empleado ;).Un lameton amigos!!

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  4. Jejeje que se lo cuenten a mis papis cuando el tete estuvo resfriado lo canutas que las pasaron diez dís medicandole.El primer día pegó tal escabechina con mami que le dejó de regalo u bonito zarpazo en la muñeca.El resto de días cambiaron el jarabe por pastilla machacada con agua y jeringuilla (cada vez que el tete veia a mami salía pitando jajajaja y yo me los miraba partido de risa).Como dice mami,si el precio que estuviera bien era salir zarpeada y que la odiara durante una hora,pues que lo da por bien empleado ;).Un lameton amigos!!

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  5. Hola!
    Hace días que quería contestar a este mensaje, pero el blog no me dejaba :(
    Sí, conozco la canción del burro, la aprendí de Rosa León, jeje, aparecía en una colección de cuentos en cassette que tengo. De vez en cuando aún la canto ;)
    Rumbo, espero que estés mejor.
    Saludos,
    Tanakil.

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Maullidos, ronroneos e incluso bufidos. ¡Este es el lugar adecuado!

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